Experiencias así no siempre te dejan respuestas.
A veces te dejan algo más valioso… mejores preguntas.
Una idea que se quedó resonando en mí fue el concepto de las polaridades. No como problemas que deban resolverse, sino como tensiones que necesitan ser habitadas, navegadas y equilibradas continuamente. La transformación, al final, rara vez consiste en elegir un lado… más bien implica sostener dos verdades al mismo tiempo.
Una polaridad que me llamó particularmente la atención fue la de confianza y respeto, quizás porque no siempre se reconoce inmediatamente como tal.
La confianza tiene que ver con la seguridad, con la vulnerabilidad, con esa sensación tranquila de que puedes ser humano sin miedo. El respeto, en cambio, se relaciona más con la competencia, la capacidad y el reconocimiento del valor que cada persona aporta.
La confianza se siente horizontal… estamos juntos en esto.
El respeto se siente vertical… reconozco tu experiencia y tu aporte.
Cuando una existe sin la otra, algo deja de estar en equilibrio. Mucha confianza sin respeto puede derivar lentamente en complacencia. Mucho respeto sin confianza puede producir resultados, pero a menudo al costo de la ansiedad, la distancia o el silencio. El desempeño puede sobrevivir… las personas, no siempre.
Lo que más me llamó la atención es la paradoja que existe en el centro de esta polaridad.
El respeto o muchas veces se construye con cierta distancia… consistencia, límites claros, capacidad demostrada.
La confianza, en cambio, crece con la cercanía… apertura, humildad y la disposición a mostrarse imperfecto.
El liderazgo, de alguna forma, vive exactamente en esa tensión.
Los líderes que más impacto han tenido en mí son aquellos con quienes me sentí lo suficientemente seguro como para hablar con honestidad, y a la vez lo suficientemente respetuoso como para no querer decepcionarlos. No por miedo, sino por coherencia.
Sigo reflexionando sobre esta idea.
Observándola en mis relaciones, en los equipos con los que trabajo y también en mí mismo.
No intentando resolver la tensión, sino aprendiendo a notar cuándo el equilibrio se desplaza… y qué intenta enseñarme ese movimiento.
A veces, la transformación no comienza con una acción.
Comienza con prestar atención.
(FE-2026)
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