Bienvenido


Bienvenido a "Descargas del Alma", espero que podamos compartir canalizaciones, poesía, pensamientos, meditaciones, cuentos, historias, visiones, misiones... en definitiva, todo contacto que hayamos tenido, tengamos o vayamos a tener con la "Memoria Universal"... Nos miramos, FE.

martes, 24 de septiembre de 2013

El peso del rencor...

El tema del día era el resentimiento, y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento. Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas.
Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y como mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado, desatendía cosas que eran más importantes para mi.
Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra mochila sentimental. Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse. Me di cuenta que cuando me llenaba de resentimiento, aumentaba mi estrés, no dormía bien y mi atención se dispersaba.
Perdonar y dejarlas ir me lleno de paz y calma, alimentando mi espíritu. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas, pero que finalmente nos termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una expresión de amor.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. 
Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causan dolor o enojo.
La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento. Te tiene encadenado. La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario. Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo, por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
La declaración del perdón es la clave para liberarte. 
¿Con qué personas estás resentido? 
¿A quiénes no puedes perdonar? 
¿Eres tú infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos? 
Perdona para que puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, serás medido....
Aligera tu carga y estarás más libre para moverte hacia tus objetivos.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

40 años después...


Después de un regional de coaching ontológico en que expuso mi mujer sobre "Afirmaciones y Declaraciones", me quedé pegado con la siguiente pregunta: ¿por qué esperar a que te pidan perdón, si tú lo puedes ofrecer?

Sólo un acto así realmente nos liberará, porque viene desde la compasión, desde lo más profundo de nuestro ser, lo otro, no, porque viene desde nuestro ego, que no es per se malo, sólo que siempre genera que nos excusemos culpando a otros para no mirarnos. 


Así que primero debemos ofrecernos el perdón, a nosotros mismos, por todo lo que hicimos y lo que no, consciente o inconscientemente, para luego, ofrecer el perdón a los demás, por lo que hicieron y lo que no, conscientes o inconscientemente. 

Por lo anterior, siento, quizás al revés de muchos, que sólo una vez que ofrezcamos nuestro perdón podrá haber verdad y justicia, porque de esa forma podremos tener una mirada sana y constructiva, sin odios y resentimientos mutuos, que nos permitirá sentirnos livianos para conversar y así poder decirnos todo, mirándonos a los ojos, por el mayor bien y beneficio mutuo. 

Poner la verdad y la justicia como requisito al perdón, genera círculos viciosos difíciles de cortar y que nos estanca en sentimientos, pensamientos y energías oscuras.

Otra cosa que siento es que cuando se habla de verdad y justicia, muchas veces parece más a revancha o venganza (de ambos lados), perdiéndose el sentido del acto de reconciliación. 

Estoy consciente que el acto de ofrecer el perdón antes de la verdad y la justicia, suena a imposible, pero de lo imposible surgen los desafíos, las oportunidades, los ideales, la vida misma. 

Nuestras acciones son causas y efectos de otras acciones, y viceversa, por lo cual debemos ser responsables, coherentes, consistentes y conscientes, sino qué sociedad y país heredarán nuestros hijos? y sus hijos?... hasta cuándo seguiremos avivando una energía que no nos permite avanzar y que sigue fomentando la desigualdad, el abuso, la intolerancia... 

Que tengan una tarde mansa y tranquila para reflexionar sobre la sociedad y el país que queremos construir, que nos merecemos, que nuestros hijos exigen.

(FE-2013)

martes, 3 de septiembre de 2013

Asuntos pendientes...

Normalmente la agonía y el dolor de los enfermos se prolonga más allá de lo sano y lo natural, porque ni ellos ni sus familiares y/o amigos y/o doctores... están listos para soltarse mutuamente, porque hay asuntos pendientes (miedos y egos) y ninguno se atreve a ponerles fin, por creer que pueden producirse más daños/dolor en ellos y entre ellos.
Hay un ejercicio para liberar asuntos pendientes y que es, más o menos, el siguiente:
  • Lo primero es que debes motivarte en sacar a fuera todos esos pensamientos y sentimientos negativos, para poder entenderlos y, así, trabajarlos, de modo de resolverlos, para luego liberarlos.
  • Luego, debes visualizar con los ojos de tu mente a la persona con quien quieres trabajar aquellos asuntos pendientes.
  • Una vez visualizada, debes cambiar esa imagen por la más luminosa que puedas ver con los ojos del corazón, sin más juicios o prejuicios que, en esa representación, esa persona está absolutamente abierta y receptiva a lo que le tengas que decir, es decir, está con una real disposición a comunicarse y a resolver los temas pendientes entre ambos, lo cual también te permitirá a ti entrar en un espacio placentero para el diálogo.
  • Así, en ese espacio de plena confianza mutua y cálida acogida, debes decirle a esa persona todo lo que necesites y debas decirle, explicándole de la forma más clara posible todos los asuntos pendientes, con todos los sentimientos y dificultades asociados, así como todo tu dolor... suelta todo, no te reprimas, debes ser honesto contigo mismo para serlo con la otra persona.
  • Ahora, si ya sientes que le has dicho todo, debes tomar un papel y escribir todas esas reflexiones/meditaciones hasta que no quede nada.
  • Cuando termines, inmediatamente, escribe (sin pensar ni emitir juicios) las respuestas que te daría la otra persona. Recuerda que estás hablando con su imagen más luminosa y pura, la más cariñosa y gentil, la más abierta y comunicativa.
  • Continúa con este diálogo hasta que definitivamente no quede nada.
  • Entonces, verifica si la conversación está terminada, consultando con lo más profundo de tu ser, si ya eres capaz de soltar el pasado, de corazón y con verdad, con agradecimiento y con perdón, manso y tranquilo, en paz.
  • Cuando lo hayas conseguido, visualiza a la persona dándose la vuelta para irse y déjala ir, suéltala recordando conservar ese amor que una vez se cruzó entre Uds. y que te dejó un cálido recuerdo, con lo mejor de lo vivido y compartido, en tu corazón y para siempre.
  • Por último, si quieres, puedes leerle esta carta en voz alta a un amigo u otra persona, y verás/sentirás cómo se ha generado un cambio en ti.
Para cerrar el proceso yo te recomendaría tomar la carta y quemarla, junto a una foto de esa persona y alguna prenda de vestir (o algo que le pertenezca), bajo la Luna llena, agradeciéndole por su luz, que rompe la oscuridad de la noche, para mostrarte tu camino más allá de cualquier distracción.

(FE-2013)

jueves, 15 de agosto de 2013

La Muerte...

No hay lugar en la tierra donde la muerte no pueda encontrarnos,
por mucho que volvamos constantemente la cabeza
en todas direcciones como si nos halláramos en una tierra
extraña y sospechosa. [...] Si hubiese alguna manera de
resguardarse de los golpes de la muerte, no soy yo aquel que
no lo haría. [...] Pero es una locura pensar que se pueda
conseguir eso. [...]
Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la
muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando
llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus
amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de
pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué
desesperación! [...]
Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja
sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la
común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla,
acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente
en nuestros pensamientos que la muerte. [...] No sabemos
dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas
partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre
que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo.
MONTAIGNE'

La muerte siempre nos acompaña, pero en todo momento evitamos verla o sentirla, lo cual, es extraño, dado que es como estar negándonos continuamente y dejamos de ser verdaderos, porque escondemos una parte nuestra tanto para nosotros mismos como para los demás.

Cuando era niño, recuerdo muy claramente el momento en que me hice consciente de que esta vida tiene un final. Era de noche, estaba en mi pieza, el pecho se me apretó hasta la garganta y me fui llorando al dormitorio de mis papás. No recuerdo lo que me dijeron, pero aún siento haberme dado cuenta de que ellos no lo tenían resuelto, porque sus palabras no hacían juego con sus energías, era un discurso pseudo-compartido, sacado de algún sermón de un domingo cualquiera, pero sin ninguna profunda convicción. Ciertamente en sus brazos dejé mi llanto, pero se me enquistó un miedo y el gran problema es que el miedo te paraliza, podría haber sido rabia, al no obtener una respuesta satisfactoria de mis padres, lo cual hubiera preferido, porque eso me habría movilizado a buscar una respuesta, a exigirla, pero fue miedo y ahí me quedé, en el oscuro silencio del miedo, inmóvil, estancado...

Durante muchos años, cada vez que la muerte se presentaba delante de mi, escapaba ocultándome en la religión, pero al final eso es sólo patear el "problema" para más adelante y no hacerse cargo de que una parte de mi, me pedía a gritos mi atención.

Recuerdo haber estado hospitalizado, varios años atrás, colgando de las últimas fibras del hilo de mi vida... pero no veo tristeza ni dolor ni angustia, sólo veo luz y paz... y siento que recién hoy estoy haciéndome consciente de esos días, del momento en que decidí seguir aquí, porque aún tenía algo que decir y mucho que aprender... 

Pero antes de eso... llegó el momento, cuando mis hijos, mis grandes maestros, me pusieron la prueba más dura que he vivido, me pusieron de frente con la muerte, en un lugar donde no tenía escapatoria, porque los estaba perdiendo y yo me estaba muriendo con ellos y en ellos, pero desde el miedo, desde el dejarse llevar para evitar la responsabilidad de tomar una decisión, la decisión de hablarle a la muerte mirándola a los ojos.

Entonces ahí pude entender que la existencia trasciende este cuerpo y esta experiencia. El miedo a la muerte sólo no nos permite completar todos los aprendizajes que podríamos lograr. Y es ahí donde el ego nos juega una mala pasada. El ego es un gran vehículo de nuestro Ser en esta materialidad, pero cuando ve peligrar su poder, su dominio, se puede volver nuestro peor enemigo. El ego te alienta a conocerte, pero siempre que él te pueda controlar. Claro, sin ego sería imposible estar aquí y ahora, pero nuestra absoluta dependencia de él, no nos permite llegar a nuestro Ser iluminado, aquel Ser espiritual que es independiente de este cuerpo, que es libre del tiempo, conceptos creados por nuestra mente, basados en nuestro ego, para no alejarnos de sus dominios.

Así que, por qué temerle a la muerte??? toda esta energía, toda esta experiencia, toda esta sabiduría... por qué limitarla ??? realmente tiene límites??? no lo creo, incluso me parece ilógico, verdad???

El círculo de la vida es infinito, lo vemos en cada momento, en todas partes...

El ir y venir entre opuestos, es una constante en el Universo y es el motor de la creación, pero ninguno es el principio ni el fin, son sólo estaciones en las cuales nos detenemos a observar, a comprender, a descubrir, a plantear nuevas interrogantes, a buscar nuevas direcciones... y seguir adelante... nada es permanente... yo no soy el mismo de ayer, ni tú eres el mismo de antes de sentarte frente al computador... lo ves???

El apego a esta vida nos vuelve finalmente esclavos de ella, dándole un exceso de importancia a lo que realmente no es relevante o no debiera serlo, por lo menos para nuestro Ser.

La muerte está inundada de ignorancia, porque en el vértigo de la vida "moderna" no nos damos el tiempo para conocerla, para aprender de ella, para hacerla nuestra y así librarnos finalmente del miedo a existir... sí, a existir, ese es el real miedo, encontrar nuestra razón de vivir antes de que el final nos alcance, de entender por qué estamos aquí, qué quiero aprender y en qué quiero colaborar para el aprendizaje de quienes me rodean.

Te invito a meditar en la muerte, deja que entre en ti y te recorra por cada rincón de tu cuerpo y de tu Ser, aprende a sentirla, a reconocerla, a bailar con ella, así muchas puertas se te abrirán y podrás volar libre otra vez...

(FE-2013)