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sábado, 19 de enero de 2019

Práctica de la atención...



Tiempo atrás me resonó “definir” la meditación como “hablar con la mente vacía”… ahora al “vacío” muchas veces se le da un carácter negativo al considerarlo sin pensamientos, sin lógica, sin raciocinio, sin juicios y pre-juicios, sin miedo, sin tiempo… sin ego… y resulta que ese estado lo siento como un real momento de meditación, de silencio, de completa desnudez de nuestro ser.

Cuando tenemos una mente dispersa y activa, la meditación es una técnica que permite traer la mente a su centro con la práctica de la atención, de manera de centrar las distintas dimensiones de nuestro ser en su verdadera esencia.

La técnica usada para meditar siento que puede ser muy variable, depende de cada ser, de cómo esté vibrando, qué procesos evolutivos esté cursando, cuál sea la dirección del viento que lo está moviendo a explorar ese silencio interior, cuán dispuesto esté de escuchar ese silencio interior, ese que te lleva al contacto con el todo y con todos.

Una forma de trabajar la atención es simplemente escuchar música, de cualquier tipo… primero, identificar la música que represente el estado de ánimo del momento… segundo, buscar una música que sientas que pueda levantarte o llevarte a un lugar de mayor goce que la música anterior… tercero, darle volumen y el primer instrumento que te llame la atención aplicarle un “filtro” de forma que toda tu atención se vaya a ese instrumento…de a poco te irás dando cuenta como que los otros instrumentos comienzan a sonar más despacio… hasta que llegues a sólo escuchar el instrumento elegido…

Ese ejercicio me gusta mucho para practicar la atención, porque el llevar la atención al oído también siento que atrae a todos los otros sentidos sin un gran esfuerzo… además que luego lo puedes hacer en cualquier parte… en la calle, en el bosque, en el mar… buscando un sonido para llevar la atención…

Lo que me ha funcionado muy bien con personas que por primera vez medita, es hacer el ejercicio, que me enseñó mi querida Gille, de construir la “máquina del pensamiento” en el centro de la cabeza (donde se ubica la pineal)… y con esta máquina controlar la velocidad de los pensamientos, identificando la velocidad actual y llevarla al mínimo posible del momento… así se pone la mente en calma, para entrar en un estado meditativo más profundo.

La postura es muy importante, debe ser una posición cómoda, que no te provoque distracción… la columna sí debe estar recta y vertical, alineando los flujos energéticos del centro tierra con el infinito y del infinito con el centro de la tierra… eso nos ancla con el presente dimensional que nuestro cuerpo material está experimentando facilitando la comunicación con ese éter donde vamos a buscar respuestas y que siempre encontramos esos destellos luz que refrescan la mente, abrigan el corazón, permitiéndonos orientar las velas a favor de los vientos que realmente nos permiten crecer y desarrollarnos… para el bien propio y de todos los involucrados.

De lo que he podido experimentar, también siento que es importante que cualquier iniciación en la meditación sea guiada y acompañada, por la potencia de lo que se pueda vivir… sentir el calor de la humilde compasión de quien está a tu lado apoyándote, te permite avanzar en un ambiente más seguro, protegido en el amor de conocernos en la desnudez de nuestras almas.

La meditación permite filtrar las frecuencias de esa señal que te está desviando, de modo de quedarte con la que realmente armoniza con tu ser, sacando las distracciones que ponen en duda tus actos creativos, quedándote con todos los aprendizajes con los cuales construyes tu vida… en perfecta sincronía con el universo.


(FE-2019)